lunes, octubre 11, 2010

Cuantas veces me besaste y no me di cuenta…


La infancia de su servidor fue fenomenal, lo que todo niño promedio pudo haber deseado, bueno casi todo fue cumplido, un par de padres ejemplares, (que aunque después se separaron me toco mucho amor de esa pareja), una hermanita hermosa, una calle ideal la cual con solo poner de la manera adecuadas unas cuantas piedras, se convertía en un estadio de futbol o de beisbol, amigos que a la fecha lo siguen siendo, y las bicicletas que no eran de un solo dueño.

Cuantas veces me caí, la respuesta está en las cicatrices de mi rodilla, cuantas pelotas ponche no lo sé, cuantas me quito doña Socorro mucho menos (que luego nos devolvía su hijo). En fin, una infancia que cada cierro los ojos y recuerdo me da mucha satisfacción.

Lo que tengo presente a la perfección son las regañadas y una que otra tunda me toco, mi mamá  era una especie de dama de hierro, y gracias a mi no muy quieta forma de ser, me gane innumerables regaños y castigos, por lo consecuente cada que mi mama tenía el cinturón en la mano ya me sabia condenado, llegue a consideran que no me quería y que era una mala madre.

Hace poco Lupita que ya se está convirtiendo en toda una señorita me dijo llorando “eres malo” y se fue a dormir, por lo que mi corazón se estrujo.

Así que después de un par de horas la fui a ver a su cuarto, todavía esa almohada estaba mojada de llanto, yo también llorando me acerque y le di un beso diciéndole lo que la amaba.

Y ahí me di cuenta de cuantas veces esa madre mala me beso sin que yo me diera cuenta.

Lupita mi vida, espero que  algún día sepas lo mucho que te quiero y que si a veces soy un mal padre es porque significas mucho para mí…

Te amo.
Nos vemos luego…